MATERIA Y ALMA
 
 
Y cuando la materia se hace espacio
en la madera intima en el barro
temblando entre los dedos, llega al cobre,
aquí,
a la curva de la ola quieta, al claro
regazo que acompaña, alivia, ampara,
sin apenas aristas,
junto a la geometría intemporal, el límite
de la esperanza y del dolor del hombre,
con tanta soledad y con tanta alegría silenciosa.
 
 
He aquí como se alza y nos modela
el secreto fecundo, sonoro casi, de
nuestra vida. Aquí, en susurro
material, entrizo, como en mirada abierta,
sin turbiedad ni caos, con un orden
vibrante, el bronce habla,
nos acuna y nos mece, y ya nos lleva
hacia el escorzo, la espiral, el óvalo:
hacia lo genital. Estamos viendo
materia ardida, bronce que nos camina
hacia el alma. ¿Hacia el mar?
¿Hacia el recogimiento de nuestro aire
o a la esbeltez de la cúpula
de nuestra catedral, de nuestra historia?
¿O acaso hacia la curva,
íntima de compañía, abierta hacia la luz,
del cabeceo audaz de los sembrados
de nuestra tierra?
 
 
La obra humana esta aquí, entregada y dolida.
Y esta materia es alma,
Ventana transparente: cuerpo y sueño.
Y abierta está. Abrámonos. No hay noche
En el latido de este bronce en flor.
 
 
Claudio Rodríguez.
 
Poema dedicado a Tomás Crespo Rivera.